• Laberinto IV
      

Laberinto IV (1986)

Susana Solano (Barcelona, 1946) ocupa un lugar central en la renovación de la escultura española de la década de 1980. Su trabajo surge en un momento de reactivación del lenguaje tridimensional tras el conceptualismo de los años setenta, incorporando materiales industriales como el hierro, la malla metálica o el acero en construcciones que combinan contención formal y densidad espacial. Desde sus primeras series, Solano ha investigado la noción de límite, interior y contenedor, desarrollando estructuras que no se conciben como masas cerradas sino como arquitecturas mínimas que organizan el vacío. Su participación en la Bienal de Venecia de 1988 consolidó su proyección internacional.

La elección del hierro patinado sitúa Laberinto IV en el interior de una genealogía escultórica española muy precisa, iniciada por Julio González. Oteiza había convertido ese mismo material en instrumento de desocupación espacial: sus cajas metafísicas eran el resultado de vaciar progresivamente la masa hasta que el hueco interior conformaba el verdadero sujeto de la obra. Chillida, por su parte, trabajó el hierro como límite: la forma no encerraba el espacio sino que lo articulaba, y el espacio interior —ese concepto que el escultor donostiarra nombró con insistencia— adquiría una dimensión casi habitable. Solano hereda esas preguntas y las invierte. En Laberinto IV el interior existe, pero no está disponible. El anillo perimetral de hierro patinado establece un umbral claro entre el afuera y un adentro obstruido por una trama de planchas que se cruzan generando compartimentos sin continuidad ni salida. La estructura interna no organiza el vacío, lo fragmenta. La escala contenida de la pieza acentúa la paradoja: el laberinto no es monumental sino doméstico, íntimo, casi portable, lo que hace más inquietante su negativa a dejarse habitar.  Realizada en un momento de consolidación de su lenguaje, la obra sintetiza la investigación de Solano sobre el espacio como estructura psicológica y arquitectónica.

 Sus piezas forman parte de colecciones como la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Museo Guggenheim Bilbao. Laberinto IV confirma la coherencia de una trayectoria centrada en la articulación del vacío y en la construcción de límites físicos que actúan como metáfora espacial.