Andreas Gursky (Leipzig, 1955) se formó en la Folkwangschule
de Essen y posteriormente en la Kunstakademie de Düsseldorf bajo la dirección
de Bernd y Hilla Becher. Su trayectoria se ha caracterizado por una observación
sistemática de paisajes y estructuras sociales contemporáneas mediante una
fotografía de gran formato que enfatiza la organización espacial y la
repetición. En sus primeras obras de la década de 1980, Gursky abordó paisajes
naturales y escenas colectivas antes de evolucionar hacia composiciones
monumentales que analizan dinámicas globales. Su trabajo se distingue por la
claridad compositiva y por una perspectiva elevada que permite abarcar grandes
extensiones espaciales.
Maloja pertenece a la serie de fotografías en color que
Gursky realizó a mediados de los años 80 al separarse de la estética documental
en blanco y negro de los Becher: imágenes de personas practicando actividades
de ocio —senderismo, natación, esquí— en las que las figuras humanas aparecen
empequeñecidas por paisajes de escala monumental. La referencia implícita es la
tradición de lo sublime romántico, y específicamente la estructura compositiva
de Caspar David Friedrich: la figura diminuta ante la vastedad natural como
forma de medir la insignificancia humana. Pero Gursky introduce una inversión
que es el verdadero argumento de la imagen: donde Friedrich ponía un hombre
contemplativo de espaldas al horizonte, consciente e imbuido de aquel espíritu, aquí hay un grupo de turistas sentados en
sillas plegables, de espaldas también, pero al paisaje y la idea. La reunión en
círculo sugiere que la atención del grupo está vuelta hacia sí mismo,
indiferente a la ladera de roca y niebla que lo aplasta verticalmente. Gursky fotografía el escenario en 1988 con el
mismo respeto formal de Friedrich pero con una figura humana que ya no
contempla: consume. La pequeña columna de humo que asciende desde el grupo —una
barbacoa, probablemente— es el único elemento vertical que compite con los
árboles, y lo hace a una escala ridícula. Realizada en una etapa temprana de su
carrera, la obra anticipa el interés posterior de Gursky por la relación entre
colectividad y entorno.
El artista ha expuesto en el Museum of Modern Art de Nueva
York, la Tate Modern y el Centre Pompidou, y su trabajo forma parte de las
principales colecciones internacionales.