La obra está formada por doce paneles de cristal tratados con deposición metálica en fase vapor, una técnica industrial que vaporiza metal en vacío para crear una fina capa sobre la superficie, utilizada también en la fabricación de espejos y recubrimientos ópticos. En este caso, la película se ha depositado en una inclinación específica de cuarenta y un grados, lo que produce un efecto específico. Cada panel presenta una superficie ligeramente reflectante que oscila entre la transparencia y la opacidad, generando formas elípticas perceptibles en función del ángulo de incidencia de la luz. La obra no se impone volumétricamente, sino que actúa como dispositivo de alteración del entorno: el espacio circundante se refleja fragmentado, duplicado y distorsionado en cada superficie. La iluminación ambiental activa los paneles, provocando desplazamientos de tono y profundidad que impiden una lectura fija. No existe un punto de vista privilegiado; la percepción se transforma a medida que el espectador se desplaza lateralmente, haciendo evidente la dimensión temporal del fenómeno óptico.
Realizada en una etapa de consolidación internacional del artista, la obra sintetiza su investigación sobre la desmaterialización del objeto y la conversión de la luz en materia escultórica. Bell ha expuesto en el Whitney Museum of American Art, el Centre Pompidou y el Solomon R. Guggenheim Museum.