Manuel Losada (Bilbao, 1865–1949) desarrolló su trayectoria
en el contexto del naturalismo y el costumbrismo vasco de finales del siglo
XIX. Formado en un ambiente académico, Losada supo incorporar una observación
directa del entorno urbano y portuario, captando la transformación económica y
social del Bilbao industrial en plena expansión. Su obra mantiene un equilibrio
entre descripción realista y sensibilidad atmosférica.
La escena representada no corresponde al Bilbao de 1915,
fecha del cuadro, sino a un Bilbao ya desaparecido o en vías de extinción: el
de mediados del siglo XIX, reconocible en los vestidos, los sombreros de copa y
el carruaje de tracción animal. El escenario es identificable: la plaza de San
Nicolás en el Arenal, con la fachada barroca de la iglesia al fondo y los
edificios de la orilla derecha de la ría alineándose en perspectiva. Desde ese
mismo punto partía “La Paloma”, el ómnibus de caballos que hacía el servicio
entre el Arenal y Las Arenas, un transporte que para 1915 era ya un recuerdo o
estaba siendo desplazado por el tranvía eléctrico. Losada no documenta el
presente: lo que pinta es una ciudad que se va, fijada con la nostalgia del que
ha vivido la transformación. La animación del primer plano —el grupo femenino
de rosa y blanco, el caballero de negro, la niña, el bullicio del embarque— no
es tanto una descripción costumbrista como una elegía: el último instante de
una ciudad antes de que la industria la transforme. La obra se inserta en la iconografía urbana
que Losada cultivó en torno a la vida pública y portuaria, contribuyendo a la
construcción visual de la ciudad moderna.
La obra de Manuel Losada se conserva principalmente en el
Museo de Bellas Artes de Bilbao, pero también está presente en otras
instituciones culturales públicas y privadas, sobre todo vinculadas a Bilbao y
al País Vasco.