Esta obra se inserta en una línea de investigación centrada en la identidad urbana de Bilbao y su transformación contemporánea. Mediante la acumulación sistemática de imágenes, de Sande construye un inventario arquitectónico que combina rigor documental y estructura compositiva.
Bilbao, 40 esquinas se articula como una amplia retícula horizontal que reúne cuarenta fotografías individuales de esquinas de la ciudad. Cada toma mantiene un encuadre frontal y una distancia homogénea respecto al edificio retratado, estableciendo una coherencia visual que refuerza el carácter analítico del conjunto. La reiteración del motivo —la intersección de dos fachadas en ángulo— se convierte así en el eje estructural de la obra. La iluminación, aparentemente neutra, junto al uso del blanco y negro acentúa la uniformidad tonal y concentra la atención en los volúmenes, las líneas y las proporciones de la arquitectura. Las variaciones entre las imágenes se revelan en la diversidad de materiales —ladrillo, hormigón, vidrio— así como en la presencia o ausencia de elementos constructivos como balcones, ventanas o cornisas. El formato panorámico de gran escala amplifica la experiencia visual y conduce al espectador a realizar un recorrido lateral por la superficie de la obra, evocando una deriva urbana que prolonga la observación de la ciudad en el espacio expositivo.
Su trabajo forma parte de colecciones relevantes de fotografía como son la de la Comunidad de Madrid y las de fundaciones como Masaveu, La Caixa, Caja Madrid y Juan March.