En Jardín de Poniente, la composición organiza el espacio mediante una perspectiva que guía la mirada hacia el fondo del patio. A la derecha, la fachada de una vivienda blanca se estructura a través de planos verticales y horizontales que definen la luz y la sombra, mientras que a la izquierda, árboles y arbustos en flor aportan una masa vegetal que equilibra la arquitectura. La ausencia de figuras humanas refuerza la atmósfera de quietud. El motivo del jardín se aborda con una luz serena y delicada que no solo describe las formas, sino que las baña y revela su cualidad íntima y sensorial. El óleo se aplica buscando una intensa presencia de luz y atmósfera, características por las que Moreno era reconocida y que la distinguían dentro de la tradición realista. La pincelada, la composición y la luz se conjugan para ofrecer una visión luminosa, evocadora y profundamente contemplativa, en la que el espacio natural se transforma en un ámbito de reflexión interior sobre lo cotidiano y lo vivido. El título Jardín de Poniente podría remitir, por un lado, a la orientación del paisaje al atardecer y, por otro, a una metáfora del paso del tiempo y de la memoria. Realizada en una etapa de madurez, la obra confirma el compromiso de Moreno con una pintura fundada en la observación atenta y en la construcción paciente del espacio.
Su trabajo forma parte de colecciones como la del Artium de Vitoria, del Museo de Arte Contemporáneo de Toledo; del BBVA de Madrid y del Kunsthalle de Hamburgo.